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OCTUBRE 2022
Vivir en un sótano: los millonarios de Londres construyen hacia abajo
FUENTE: El Confidencial
Londres vive un fenómeno peculiar: los ricos han empezado a construir hacia abajo. Entre 2008 y 2017, la ciudad recibió casi 6.000 solicitudes de excavación de sótanos privados

Al 43 de St. Leonard's Terrace, un adosado en Chelsea, le ha salido una extensión: una enorme barraca de obra que ocupa toda la acera, la entrada y la ventana del salón. Lleva ahí año y medio: en febrero de 2017 su dueño, un empresario de Emiratos Árabes Unidos, obtuvo el permiso y los obreros empezaron a excavar. Son 9 metros bajo el suelo divididos en dos plantas. "Será un cine, aunque todavía le faltan sillas", cuenta uno de ellos. "Hay partes en las que seguimos cavando".
A la vuelta de la esquina, en Durham Place, hay una obra similar: de 7,7 metros subterráneos para que el propietario meta su propia piscina, según detalla el informe sobre el impacto de la excavación. En la calle paralela, la pequeña Smith Terrace, otro más. "Ha sido molesto", suspira el vecino de al lado, aliviado porque los obreros están a punto de terminar. "Pero no tanto como creía. Al menos se harán cargo de las grietas causadas”.

Londres vive desde hace una década un fenómeno peculiar: los ricos han empezado a construir hacia abajo. Entre 2008 y 2017, la ciudad recibió casi 6.000 solicitudes de excavación de sótanos privados, de las cuales aprobó 4.650. Aunque el pico se dio en 2014 y 2015, las licencias duran tres años y aún quedan muchas obras en las calles. Los 'basements' (su nombre en inglés) o 'casas iceberg' (como las denominan medios y arquitectos) son extensiones de entre 3 y 15 metros bajo el suelo para albergar, según el caso, gimnasios, salas de cine, peluquerías, bodegas o spas. Incluso un propietario solicitó permiso para construir una playa artificial subterránea.
Las obras - reconocibles por las casetas pegadas a las viviendas y el ajetreo de camiones - se concentran en los barrios más pudientes: en Westminster (647), Chelsea (1.022) y Hammersmith y Fulham (1.147).
¿Por qué los millonarios se dan a la vida bajo tierra? Principalmente, por la limitación para construir hacia arriba y las ganas de aumentar el valor de su vivienda. "Cuando tienes una propiedad en Chelsea u otras zonas, no puedes construir más de lo que hay", explica María, una arquitecta española que supervisa una de estas obras. "Imagina que compras una casa de 700 metros cuadrados y dices: quiero más. ¿Cómo se hacen más metros? Algunos ponen habitaciones en el jardín o amplían un balcón. Pero suelen estar coartados por las restricciones locales, así que los sacan de donde pueden. Y excavan".
"Muchas casas ya tenían sótanos", añade Roger Burrows, profesor de la Universidad de Newcastle. "Pero la tecnología para excavar ha mejorado. Y ahora hay más gente con 3 millones de libras para invertir. El crecimiento se da a partir de 2008, cuando llega el dinero al centro de Londres. La gente siempre los ha hecho pequeñitos, pero los grandes sótanos son novedad".

¿Quién construye megasótanos?
Sólo hay una vivienda con megasótano - piscina incluida - entre los anuncios de Chesterton's, una inmobiliaria de Chelsea. Se alquila a 65.000 libras (74.000 euros) al mes. "Es un mercado de gama alta y nicho", indica uno de sus agentes. "La gente que tiene uno no suele alquilarlo: ni lo necesita, porque tiene dinero de sobra, ni hay demanda. Si de veras lo quieren alquilar, tienen sus propios agentes, no vienen a una inmobiliaria".
No hay datos exactos sobre la procedencia de los propietarios de sótanos. Burrows apunta a que muchos, especialmente los grandes, están - como la torre de Vauxhall - en manos de inversores extranjeros. "No suelen ser chinos, que prefieren rascacielos. Y no es tanto gente inglesa como armenios, rusos, propietarios de Oriente Medio o americanos. Muchos son de empresas, así que es difícil trazarlo". El asunto de los megasótanos se cruza con el de las viviendas offshore: según la organización Transparencia Internacional, en la capital británica hay 36.342 propiedades de compañías en paraísos fiscales.
"Usan las propiedades de Londres como depósito", concluye. "Tú pones la inversión y la dejas ahí. La gama alta pertenece a gente que no vive aquí".
¿Sería esto posible en España?
En 1975, el arquitecto Fernando Higueras - autor, entre otras cosas, del Patronato de Casas Militares, el edificio de hormigón de la rotonda de San Bernardo de Madrid - se separó de su mujer y cavó su propio sótano: el Rascainfiernos. Son 9 x 9 metros que incluyen habitación, cocina y salón y un enorme cubículo cubierto con lucernarios por los que entra luz. La vivienda, ahora sede de su fundación, puede visitarse previa petición (si eres profesional de la arquitectura)". Está en la Colonia Albéniz, en Chamartín.
"Vino a vivir en el 76. Ya tenía 12 años de carrera y dinero para comprarse esta casa. Mientras hacía la reforma, decidió construir esto para él. Son dos casas desconectadas". Entre las bondades de vivir en un sótano, su mujer, que lo enseña, destaca la temperatura casi constante, de entre 18 y 25 grados todo el año. "En verano no necesitas aire. Cuando entró César Manrique dijo: 'Lo que más me gusta es que no suena el aire acondicionado'. Y Fernando decía: 'es que no hay'. Y César: '¡no me lo puedo creer, Fernando!' Claro que no había. Y ahora estamos a 4,5 metros bajo tierra y no se siente sensación de claustrofobia".
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